
MARCHAS FUNEBRES
Una marcha procesional es la música utilizada para acompañar los desfiles porcesionales.
Es un género musical que debe contar con unos requisitos de estructura y estilo o carácter; la estructura hace referencia a la forma musical conocida como marcha, la cual consta de tema, desarrollo, trío y reexposición del tema, pudiendo en ocasiones contar con una introducción y una coda.

El estilo o carácter queda fijado por el compás, el ritmo, el tempo y la adaptación y adecuación al acto para el que ha sido concebida la obra, la procesión.
La marcha procesional goza de gran popularidad en España y en otros países como Italia y Guatemala y forma parte del repertorio musical de las bandas de música.
http://es.wikipedia.org/wiki/Marcha_procesional
Una de las más bellas características de la Semana Santa guatemalteca, es la ejecución de marchas que acompañan a las imágenes durante su recorrido procesional.
Su solemnidad también es para darle ritmo al paso de los cargadores y para inspirar al público que las contempla.
"Las marchas fúnebres constituyen un género particular de la música guatemalteca, con identidad propia...", dice el historiador Fernando Urquizú.

Las marchas procesionales son de origen español y tuvieron su origen, según Urquizú, en tiempos coloniales y se distinguen tres períodos en su desarrollo.
El primero abarca los años de la Colonia, hasta 1871, que es cuando da inicio la denominada época liberal.
Durante este primer período las marchas procesionales reflejan un sentimiento inspirado por una iglesia católica que entonces era omnipresente, pues se encargaba prácticamente de la educación escolar y supervisaba, al menos en términos morales, casi todas las actividades sociales.
Entre los maestros de aquella época cabe mencionar a Miguel Pontaza, José Tomás Guzmán y a Vicente Sáenz.
Por su parte Benedicto Sáenz, hijo, tuvo un papel preponderante en la creación de música sacra de la época.
Incluso composiciones suyas, como sus Misereres, se tocan anualmente en la Tiniebla del Miércoles de Ceniza.
"El Tercer Movimiento de la Sonata en Si bemol Mayor, de Chopin, es la creación musical que más ha impactado la Semana Santa", dice Urquizú.
Por otra parte, también la Sinfonía Fúnebre y Triunfal, de Héctor Berlioz, y la Heróica, de Beethoven, dejaron una fuerte impronta en los compositores locales de entonces.
El segundo período inicia con la Reforma Liberal, de 1871, y llega hasta 1944.
A esta época le debemos La Fosa, una marcha que aún forma parte del repertorio de muchos cortejos procesionales, del maestro Santiago Coronado.

Otros creadores cuyas composiciones evocan aquella época, son Rafael Álvarez, Manuel Martínez Sobral, Marcial Prem, Víctor González, Fernando Escobar y Nicolás González.

Sin embargo, llama la atención que en esta época abundan las marchas fúnebres que tienen por nombre sólo un número, lo que demuestra que conformaban una serie dedicada al tema.
Durante los gobiernos represivos como el de Estrada Cabrera o Ubico, serían propicios para las marchas “que esta generación conoció como "las más sentidas’.
Entre ellas se cuentan ‘Una Lágrima’, de Manuel Moraga; ‘¡Señor Pequé!’, de Joaquín Santa María y Vigil; ‘El Silencio’, de Mariano de Jesús Díaz; ‘La Reseña’ de Mónico de León; o ‘Ramito de Olivo’, de Fabián Rojo.
En los cuarenta y cincuenta, los recorridos y las andas aumentan de dimensión, por lo que las marchas se ensanchan en número de músicos y repertorio.
De este período sobresalen las obras de Alberto Velázquez Collado, Pedro Donis y Efraín Madrid.
Ya en los sesenta, los integrantes de hermandades y asociaciones comienzan a dar sus aportes musicales, como el presbítero Julio González Celís en la Parroquia Vieja, o el español Fray Miguel Murcia en la Recolección.
Desde entonces, cada año se incorporan nuevas marchas, tanto de maestros nacionales como piezas italianas o españolas.
El Periódico

A partir de 1944, Urquizú considera que se inicia la tercera era o actual de las marchas fúnebres procesionales.
Con el siglo XX también llegó la tecnología a las marchas fúnebres, pues empezaron las transmisiones por radio, las cuales popularizaron aún más este género musical.

A mediados del siglo XX, en 1955, aparecieron los primeros Long Play dedicados al género.
Entre las primeras grabaciones en alcanzar al público, están Semana Santa en Guatemala, de la disquera Tikal, con 11 composiciones interpretadas por la Banda de Solistas dirigida por el maestro Ramón Bonilla.
En 1959 apareció el Disco de Oro, con la misma banda, pero bajo la batuta de Víctor M. Lara.
Más adelante continuaron presentándose más discos, muchos de los cuales hoy son coleccionables debido a que se editaron en forma limitada.

La composición de marchas fúnebres no cesó, al contrario, se enriqueció con el aporte de nuevos compositores, como Fray Miguel A. Murcia (Sudor de Sangre), Julio González Celis (Cascada de Llanto), Julia Quiñónez (Mater Dolorosa) o Arturo Barreda con Luz Divina.
Prensa Libre

FRAY MIGUEL MURCIA

ALBERTO VELASQUEZ COLLADO

SANTIAGO CORONADO

RAFAEL GARCIA REYNOLDS

SALVADOR IRIARTE

FRANCISCA ELEONORA RODAS

MARIO DE JESUS SILVA

MANUEL ANTONIO RAMIREZ CROCKER
BASILIO CHAPAS






Breve Reseña Histórica De La Marcha Fúnebre "Una Lagrima" de Manuel Moraga
El maestro de música, pianista y compositor, MANUEL ENRIQUE MORAGA SERENA, al igual que lo hicieran sus antepasados en la Iglesia de Candelaria, asistía al acto impresionante de levantar de su dosel el anda portadora de JESÚS NAZARENO DE CANDELARIA, para iniciar la peregrinación solemne, impartiendo bendiciones al pueblo guatemalteco.
En esa ocasión concurría en compañía de sus hijos, porque María Luisa Batres Gribilleu, su esposa, ya había sido llamada y juzgada por el Señor. Al paso del Nazareno "Una Lágrima" brotó de sus ojos y una oración de sus labios.
-Padre, ¿le sucede algo?, le preguntó su hijo mayor, José Luis.
-Sencillamente, hijo, emocionado.
Al salir de la Iglesia y encaminarse al hogar anunció a sus cinco descendientes:
-He prometido a Jesús Nazareno componer una marcha fúnebre, como testimonio de gratitud por todas sus bendiciones para con nuestra familia. A las primeras horas de la noche nuevamente estuvo a admirar el paso de la procesión, juntamente con sus hijos José Luis, Victor Manuel y Francisco Javier.
Le pareció que el Nazareno lucía exhausto, como sucedió al Señor Jesucristo en el camino al Calvario, su túnica marchita por el humo del incienso y el polvo que se levantaba de las calles empedradas o rústicas de nuestra capital al paso del cortejo, elementos que también afectaban la santa cruz, sus manos y rostro y también a sus ojos, luciendo la mirada sin brillo, semejando el agotamiento de los suplicios y quizá de la agonía.
El maestro Moraga recordó la historia que le contara su padre, don Francisco: "La imagen de Jesús Nazareno de Candelaria tiene los ojos tallados y pintados en la misma madera del rostro".
Esa noche, ya en casa, escribió dos palabras en una hoja para solfa: "UNA LÁGRIMA" y en forma de recordatorio permanente la colocó en el atril del piano.
Era el principio de la obra.
Una tarde de mayo del mismo año, tomó asiento y luego de colocar sutilmente los dedos sobre el teclado agregó:
-Se inicia con toque de timbales.
Es mi interpretación del júbilo del pueblo de contar con la presencia del Mesías; es un instante de regocijo precio a una eternidad de doloroso sacrificio.
La parte musical de principio suave y cadenciosamente, es la meditación del desarrollo de la vida del Redentor, de prédica y favores, asimismo, la aceptación, humildemente, de la sentencia y el esfuerzo de tomar la santa cruz y emprender el trajinar hacia el Calvario; la segunda parte es más sutil, a semejanza de los últimos vestigios de vida, del esfuerzo supremo que se hace por llegar al final de la jornada y el momento supremo de encuentro con el Santo Padre.
En síntesis, la marcha comprende la expresión musical de la Pasión de Cristo.
El ambiente se inundó de notas musicales y de sentimiento.
Meses después, Manuel Enrique Moraga sufrió derrame cerebral, pero cuando mejoró de salud le pidió a su hijo mayor, José Luis, que interpretaran al piano a cuatro manos "Una Lágrima".
En agosto fue víctima de un nuevo derrame cerebral, falleciendo el 24 de octubre de 1924, sin haber escuchado ya instrumentada, para su ejecución en banda marcial, la marcha que compusiera como testimonio de fe, de respeto, devoción y amor a la Consagrada Imagen del Jesús Nazareno de Candelaria.
"Una Lágrima" fue instituída marcha oficial de la Hermandad de Jesús Nazareno de Candelaria por los años de 1929 a 1933, aún no precisada la fecha exacta.
Los hermanos MORAGA BATRES formaron parte de la Directiva de la Hermandad por varios años y al igual que sus antepasados heredaron a sus descendientes la fe y veneración a nuestro Nazareno, quien es actualmente llevada en hombros por nietos, bisnietos y tataranietos de Manuel Enrique Moraga Serena.
Desde entonces conmueve el corazón de sus devotos todos los Jueves Santos y a más de alguno le arranca "UNA LÁGRIMA".
¡SEÑOR PEQUÉ! de Mons. Joaquín Santa María y Vigil

Estrenada el Viernes Santo de 1927 cuando pasaba por el Parque Central hoy PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN.

Su compositor, el Padre Joaquín Santa María Y Vigil nace en el municipio de Mixco.

LA RESEÑA de Mónico De Léon
Obra Musical Sacra por excelencia, con esta pieza se inicia una de las procesiones más significativas de Guatemala, en donde al filo de las 8:00 AM El Martes Santo de Cada Año miles de flores son depositadas en el anda del Señor la cual, inicia su recorrido sin ningún adorno, pero al regresar, ingresa repleta de: rosas, azucenas, orquídeas y toda la gama de flores de esta milenaria tierra guatemalteca.

Es de hacer mención que el maestro Mónico de León llegaba a este cortejo procesional cada año y al escuchar su marcha fúnebre lloraba de emoción.
Durante mucho tiempo fue director de la Banda Marcial y tenía una tienda de instrumentos musicales en la 9a. Avenida entre 12 y 13 calles de la zona 1 capitalina.
UNA PLEGARIA de Carlos R.Díaz Del Cid
Quién No Recuerda a Carlos R.Diaz, autor de los famosos “LIBRITOS DE SEMANA SANTA” tan tradicionales de generación en generación.

Los cuales, para todo buen cucurucho son libros de cabecera.
Su Marcha fue estrenada en el año de 1985 y siempre es tocada cada año frente a su residencia ubicada en la 2 calle entre 7ma. y 8va. avenida.

Tras un toque de silencio en su memoria….
LA FOSA de Santiago Coronado
La historia de esta marcha tiene su origen en un sueño que tuvo su autor Santiago Coronado el cual es el siguiente:
Soñó que estaba en la iglesia de la Merced,(…) Entonces estaba orandole a Jesús de La Merced, cuando vio que no estaba en su camerino, entonces -dijo él-, me dio tristeza ver que no estaba allí,(…).

Cuando hijo… se enciende una luz blanca, pero grande… iluminó toda esa parte(…)y el “foso que, esta allí”(…) y va saliendo Jesús todo de blanco(…)y se me quedo viendo y me dijo: -Santiago…ah…Carajo-yo le pedí perdón que porque me decía eso…y se fue caminando…y en ese momentito mijo..oí la marcha…
La partitura más antigua es de 1888

SEÑOR DE LA MERCED de Salvador Iriarte
Fue conocida por mucho tiempo con el título de: “SE MURIÓ MI PAPÁ”. Su anécdota es la siguiente: “…cuentan que el día que falleció el progenitor del compositor, este dolido en corazón y alma, fue a visitar a Jesús De La Merced…y al verlo, impresionado por su imponente y lánguida mirada, dirigiéndose a Él, le balbució: “Se murió mi papá”…
Y fue en tal ocasión, cuando vinieron a su mente las notas de su magistral marcha.
CAMINO AL GOLGOTA Mario A. Paniagua
Cada Viernes Santo esta marcha fúnebre estremece los corazones de los guatemaltecos, Jesús encamina sus pasos al suplicio… como cordero llevado al matadero… fue dedicada por su autor a la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno de la Merced, siendo estrenada en la década de los años 30 del siglo XX.
Actualmente esta partitura migró hacia España gracias al empeño del devoto Edgar Cabnal, quién concedió dicha partitura al maestro José Ramón Rico Muñoz para ser reinterpretada por bandas españolas, siendo estrenada en España en la Semana Santa de 2009 en la procesión del Cristo de la Expiación de Málaga.
BODAS DE ORO de Jose M.Custodio
Dedicada al encargado General de la procesión de Jesús De La Merced ,Carlos Olivero Nelson quién cumplía el Martes Santo, 24 de marzo de1959 sus cincuenta años como encargado.
Para la cual la primera vez que se ejecutó fue,el Jueves Santo deaquel año cuando la procesión de Jesús de Candelaria pasaba a un costado de la iglesia.
EL CUERVO de Pedro Donis Flores
Obra Clásica del Pentagrama Fúnebre Guatemalteco.
Compuesta y estrenada durante la procesión del Viernes Santo de 1941. Su titulo se debe a un ave negra que complementaba la parte posterior de la alegoría de las andas aquel año.
Pedro Donis Flores se caracteriza porque al inicio de la obra se duplican los instrumentos y se unifican a una sola voz; es decir que Clarinetes y Barítono hacen lo mismo, mientras que el resto de la banda hace la armonía, entendiéndose ésta última como el acompañamiento de la melodía.
En la segunda parte , el Bajo, el Barítono, Tenor y Trombones van a una sola voz e interpretan lo mismo, las Trompetas y Clarinetes hacen la armonía.
En la tercera parte, la voz principal la puede tener el Tenor, el Barítono o los clarinetes y todo en conjunto llega a una armonía completa.
DIOS ES AMOR de Victor Manuel Lara
Don Víctor Lara fue por muchos años el director de banda de la procesión de Martes Santo LA RESEÑA .

Antiguamente los filarmónicos no cobraban nada por tocar, ya que de esa manera le agradecían a Jesús De La Merced, todas las bendiciones que año con año recibían.
Es por ello que se llegaban a juntar hasta 100 filarmónicos para ese día… Entonces don Víctor Lara compone una marcha en agradecimiento a sus músicos, y la cual titula DIOS SE LOS PAGUE, pues era la frase con la que siempre los despedía.
Pero a raíz de la primera grabación de Marchas Fúnebres su nombre es modificado por el actual…



http://jesusdelamerced.wordpress.com
Las marchas sacras tienen una introducción, una primera y segunda parte y luego tienen la resolución del trío; esta estructura cambia en algunas ocasiones y estos cambios son los que imprimen un carácter de tipo romántico en el cual las reglas de estructura y cantidad de compases se rompe; lo anterior define un estilo muy personal de cada autor.
Algunos compositores trabajan la disonancia, la cual se crea cuando se encuentran dos notas de forma conjunta, es decir, una a la par de la otra y que, al momento de escucharla, da una impresión de estar desafinada.
Uno de los compositores que más utilizó la disonancia es el maestro Jesús Silva López, lo que le daba a sus obras un efecto de tensión , para luego relajarlas con un acorde simple, mayor o menor.
Cada compositor de marchas sacras ha dadoun toque especial y personal a cada una de sus obras.
Manuel Antonio Ramírez Crócker se caracteriza porque desde la primera parte los Clarinetes, Trompeta y Tenores se encargan de la melodía principal y todo se escucha con fuerza.
La segunda parte es de un concepto similar al de Pedro Donis, mientras que en la tercera parte se retoma el mismo formato de la primera. Los bajos siempre se lucirán en las composiciones de Ramírez Crócker.
Héctor A. Gómez
Revista Mater Dolorosa No 4
Las marchas fúnebres:
El canto del alma nacional guatemalteca
Celso Lara
Las marchas fúnebres constituyen las piezas musicales más arraigadas del alma nacional del guatemalteco.
Es su música más amada y con la que se identifica desde las profundidades más recónditas de su espíritu.
De pura creación guatemalteca, estas marchas fúnebres procesionales vienen acompañando los cortejos sacros, intra y extra muros, desde los principios de la cristianización del suelo guatemalteco.
Aunque no puede precisarse aún los tiempos exactos de su surgimiento, sí puede hipotetizarse que surgen hacia finales del siglo XVI, transitan todas las calendas de los siglos XVII, XVIII y XIX, haciéndose cada vez más originales hasta encontrarse totalmente perfiladas a finales del siglo decimonónico y principios del XX.
Las marchas fúnebres guatemaltecas tienen una marcada influencia de la escuela musical veneciana del siglo XVI, con el aporte del concepto de lo policoral y de las espectaculares marchas procesionales extramuros tanto sacras como profanas.
El papel de los compositores Andrea y Giovanni Gabrieli así como de Claudio Monteverdi, es decisivo en la conformación del sentido de las marchas guatemaltecas.


Su paso a España no se ha dilucidado del todo, pero la influencia que el compositor Luca Marenzio tuvo en esta escuela es muy sólido.

Marenzio permaneció largos años en la corte de Carlos V y Felipe II en los primeros tiempos del descubrimiento del Nuevo Mundo e introdujo en la península ibérica el gusto, la teoría y la práctica de lo policoral veneciano, en particular la música procesional sacra al interior de los templos y, en ocasiones que lo ameritaron, en los cortejos procesionales profanos en las calles de los burgos con el fasto requerido.
No debe pasarse por alto que la corte española de los Reyes Católicos y Carlos V constituyeron verdaderos centros musicales, tanto para la música profana instrumental y vocal como para la sacra.

Julio Caro Baroja menciona que Jesús del Gran Poder de Toledo salió en el año de 1517 por primera vez en rogativa durante la Semana Santa de ese año acompañada por "fanfarreas fúnebres", constituidas por instrumentos de metal y tambores como música procesional a la usanza de la Catedral de San Marcos y de los maestros Gabrieli y Monteverdi, señala Caro Baroja.
Por tanto, su traslado al Nuevo Mundo no se hizo esperar por la necesidad de la evangelización de las Indias Occidentales. Si bien aparecen en toda América Hispana, el sentido que priva es el de la marcha procesional veneciana.
En Guatemala, este germen fue tomado por los músicos criollos e indios de las iglesias interioranas y de la Capilla Musical de la Catedral de Santiago de Guatemala y se va transformando con el correr de los años; ya no es una "fanfarrea fúnebre" sino en una obra musical más elaborada y con un sentido y desarrollo más amplio y profundo.
A diferencia de las venecianas, las tempranas marchas fúnebres guatemaltecas tuvieron desde su inicio ese sentido procesional, intensamente místico.

Al decir de Enrique Anleu Díaz, quien, junto a Celso Lara, descubrió la primera marcha fúnebre guatemalteca en los archivos de la Catedral Metropolitana de la Nueva Guatemala de la Asunción, interpretada para acompañar la procesión intramuros del Cristo de los Reyes, de la Catedral de Santiago de Guatemala en 1594, contiene ya, musicológicamente, las esencias de la marcha fúnebre guatemalteca.

Un tema expuesto en tonalidad menor, que luego se traslada a una tonalidad mayor, en donde los ritmos del son mestizo e indio en cadencia lenta, se advierten a todas luces; enseguida el tema vuelve a tonalidad menor y la marcha se resuelve con gran piedad y solemnidad.

Este esquema estructural se mantiene desde entonces hasta las marchas contemporáneas. Hay que subrayar, sin embargo, que no se poseen los suficientes documentos musicales de los siglos XVIII a finales del XIX para realizar un análisis musicológico certero; pero el examen de la encontrada en el siglo XVI y el análisis comparado de las contemporáneas parecieran que permite llegar a esta conclusión preliminar.
Por otra parte, si se toma en cuenta que desde los inicios de la cristianización en Guatemala, la Semana Santa se convirtió en el eje central de la vida sacra y cotidiana de los pueblos mestizos e indios, al punto de convertirse en parte consustancial de su identidad como pueblo; las procesiones, que eran un medio de evangelizar, se transformaron en un "drama sacro en movimiento", por lo que era indispensable que tuviesen música para conmover aún más al alma creyente.
Y como las procesiones extramuros aparecen muy tempranamente en nuestro suelo, la producción de marchas fúnebres se afinó y se enriqueció con el aporte a veces anónimo, de músicos que sin mayor educación musical pero profundamente imbuidos en este sentimiento sacro cuaresmal, vertieron todo su talento para crear un género de marcha procesional que está completamente consolidado, tal y como hoy se lo conoce, desde la segunda mitad del siglo XVII y con variantes no significativas, se vuelve nacional a finales del siglo XIX.
La marcha fúnebre guatemalteca posee tal vigor y arraigo a partir del siglo XIX, que se enriquece y se vuelve aún más propio, original e irrepetible desde entonces. Su temática musical es muy variada.
Generalmente está en el corazón de cada fiel cargador o persona imbuida en el misticismo y el dolor de Nazarenos, Sepultados y Vírgenes Dolorosas, que crea la melodía entre espíritu, alma y cerebro, y después es instrumentada por un maestro concertador, ya sea de una banda militar o un músico con estudios superiores.
Por eso las marchas fúnebres guatemaltecas tienen un posesionamiento intenso entre todo el pueblo; casi podría decirse que es la expresión musical más difundida entre todos los hombres que habitamos este envoltorio mágico que es Guatemala.
Es nuestra música nacional de la mano del son cadencioso tanto indígena como mestizo.
Ese vaivén propio de las procesiones que marcan los tambores, los clarinetes y las trompetas, fue declarado Patrimonio Cultural Intangible de la Nación por el, entonces presidente, Álvaro Colom.
El acto se llevó a cabo en la Parroquia de la Santa Cruz del Milagro, en la zona 6, a cuyo barrio se le hizo la entrega de la Orden del Quetzal gracias a los 300 años de trayectoria y conservación de las tradiciones y la cultura guatemalteca.
El evento dió inicio a las 16:00 horas, con la presentación de la marimba Maderas de mi tierra, en el atrio de la iglesia.
Luego hubo un concierto de marchas fúnebres a cargo de Ramiro Mendoza, autor de la melodía Cruel Flagelación, estrenada durante la ceremonia.
Y finalmente se dió lectura a los dos acuerdos gubernativos.

En uno de los Acuerdos Gubernativos se señala que las marchas fúnebres son “un icono guatemalteco que enriquece los cortejos procesionales y celebraciones religiosas durante la Semana Santa”, que fue declarada como Patrimonio Cultura en 2008.
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